Espacios Sociópetos y Sociófugos.

La calidad de los espacios urbanos en gran medida dependerá de las condiciones físicas, sociales y culturales a partir de las cuales los habitantes se apropian y hacen uso de ellos, estableciendo actividades particulares, ya sea por necesidad o simplemente por el gusto de participar en las dinámicas e interacciones que ofrece la ciudad.

El Arquitecto y urbanista Jan Gehl señala que cuando los ambientes exteriores son de poca calidad o presentan deterioro sólo se llevan a cabo actividades estrictamente necesarias como por ejemplo esperar el transporte público o caminar hacia un destino como el trabajo o la escuela, en cambio, cuando los ambientes exteriores son de buena calidad [1] las actividades opcionales y sociales aumentan y junto con ello la interacción entre las personas; como por ejemplo cuando se reúne un grupo de amigos en el parque o se practica algún deporte.  

En el libro “la dimensión oculta”[2] el antropólogo Edward T. Hall hace mención del estudio realizado por el médico Humphry Osmond y Robert Sommer sobre la relación que existe entre las interacciones sociales y la configuración del espacio, estableciendo que existen espacios que tienden a mantener a las personas apartadas unas de otras, denominando este tipo de espacio “sociófugo”, y dando el término de “sociópeto” a aquellos espacios que por el contrario, tendían a mantener a las personas reunidas aumentando la interacción social. Dentro de este estudio se identificó también que los espacios que contaban con mejores características funcionales para realizar adecuadamente las actividades contempladas, en la mayoría de ocasiones correspondían a espacios de tipo “sociófugo”.

Lo anterior lo podemos notar en algunas zonas de la Ciudad de México, por ejemplo, si hacemos un recorrido por los espacios urbanos de Santa Fe, Lomas de Chapultepec, Fuentes del Pedregal o algunas otras zonas generalmente de carácter residencial y alto poder adquisitivo en las que los elementos que configuran el espacio presentan buenas condiciones de mantenimiento y diseño – como aceras amplias y limpias, vegetación podada, luminarias y mobiliario urbano suficiente- se notará que las actividades en las calles son casi nulas teniendo una duración muy corta.

En estos casos las actividades necesarias se ven minimizadas por el uso del automóvil, por lo que los habitantes dejan de lado la posibilidad de caminar por sus calles o realizar cualquier actividad necesaria, y aunque siguen utilizando el espacio urbano como la vía de tránsito para el automóvil, los habitantes pierden el contacto directo entre ellos y con el espacio.

En lo referente a las actividades opcionales y sociales se hacen presentes, pero sólo por periodos cortos y con actividades restringidas, algunos ejemplos son: el salir a correr por las mañanas o las noches, sacar a pasear a la mascota o encontrase con un vecino y tener una plática corta. En estos casos es posible notar una similitud con los hallazgos de Osmond y Sommer, ya que aun cuando los espacios tienen buena calidad estos tienden a ser sociófugos.

Calle de la zona de lomas de Chapultepec, pese a que se presentan condiciones favorables para transitar el espacio no es utilizado. Ciudad de México.

Al contrario de lo que sucede en los espacios urbanos de algunas zonas residenciales, en las zonas populares de la ciudad, es posible notar una intensa actividad en las tres formas descritas por Gehl. En este sentido las actividades necesarias toman un papel de gran importancia, ya que a partir de ellas la mayoría de los habitantes lo deseen o no se encuentran relacionados directamente con el espacio urbano, favoreciendo la integración social y el reconocimiento de la comunidad. Es en este punto, en el que espacio urbano -principalmente de carácter público- toma otras dimensiones, convirtiéndose en una extensión de la vivienda, la escuela, la oficina, el mercado, etc. La vida social y las actividades opcionales se convierten en parte intrínseca de los espacios, es ahí donde los habitantes se encuentran, discuten, comercian, conviven, juegan, etc.

Es común observar en las zonas populares que los habitantes intervienen los espacios urbanos, participando activamente en su territorialización y apropiación, de forma que se establecen límites espaciales y simbólicos, guardando las distancias con los demás habitantes según sus normas culturalmente establecidas -actualmente también incorporando las distancias sugeridas gubernamentalmente a causa del Covid 19-.

Desafortunadamente una parte de las intervenciones de los habitantes en las zonas populares tienden a deteriorar el espacio urbano, como por ejemplo: la contaminación resultante de puestos ambulantes y la apropiación en sentido privativo de espacios públicos, sin embargo, aun cuando se presenta deterioro no necesariamente las condiciones de identidad y simbolismo se ven afectadas.

Existen casos sobresalientes en los que la intervención de los habitantes en los espacios urbanos junto con un proceso de diseño participativo[3] no sólo ha logrado resolver las demandas espaciales mejorando las condiciones de habitabilidad y funcionamiento de una zona, sino que también ha contribuido de manera importante en la construcción del tejido social a través de la inclusión de todos sus habitantes.

Aun cuando el espacio no cuenta con las condiciones optimas para contener un ring y presenciar un espectáculo de lucha, la intervención resultó exitosa en cuanto a la ocupación y utilización del espacio para la actividad. Zona popular, Ciudad de México.

Cabe aclarar que no necesariamente los espacios de buena calidad tienden a ser sociófugos y los de mal calidad a ser sociópetos, existen ejemplos como la zona de la Condesa, El Centro de Coyoacán, Polanco, entre otros, en los que los espacios urbanos son de buena calidad y se desarrolla una gama amplia de actividades y usos, denotando un sentido de integración, comunidad e identidad con el sitio. “El espacio Sociófugo no es necesariamente malo, ni el sociópeto universalmente bueno. Lo deseable es la flexibilidad y la congruencia entre el diseño y la función, para que haya variedad de espacios y la gente se relacione o no según la ocasión.” [4]

Es difícil establecer qué condiciones o no deben tener los espacios urbanos para satisfacer las necesidades particulares y generales de los habitantes, ya que lo que es bueno o correcto para algunos para otros no necesariamente lo tiene que ser, este es el hecho que más dificultades representa para el diseño de cada espacio, sin embargo, siempre resultará importante la flexibilidad del espacio en cuanto a las formas de ocupación, favoreciendo la inclusión y participación de los habitantes en las distintas posibilidades que éste ofrezca.

Es imposible concebir el espacio como una receta y delimitarlo a formas visibles, el espacio urbano es cultura, tradición, presente, futuro y anhelos,  “no se trata de generar una teoría específica de formas especiales, sino de hacer un despliegue de la estructura social que permita, entonces sí, entender las características de la -forma social- particular, el espacio urbano y la imagen de la arquitectura de ese espacio y su articulación con otras formas y procesos históricamente dados”[5]

De este modo es posible señalar que el diseño de los espacios urbanos debe ser un proceso reflexivo y no maquínico, en el cual necesariamente se deberán de considerar las formas de interacción entre los habitantes, generando flexibilidad entre espacios sociópetos y sociófugos, según las necesidades de los habitantes.

 Jesús Palomares Franco


[1]Buena Calidad del espacio: se refiere a aquellos espacios cuya condiciones básicas para ser habitables (accesibilidad, seguridad, salubridad e imagen urbana.) son optimas, respetando una estructura funcional que logre contener una armonía visual, que no transgreda su contexto, permitiendo el libre tránsito y permanecía de los habitantes en el espacio.

[2] Hall, Edward. T. La dimensión oculta. Siglo veintiuno editores. México. 1972. P. 55

[3] Diseño participativo: Tiene como punto de partida, que la construcción de las ideas sobre los modos de habitar es parte de un proceso social, en el cual las determinaciones fundamentales las toman los sujetos mismos a través de su participación en las decisiones cotidianas individuales y colectivas.

Romero, Gustavo y Mesías, Rosendo.  La participación en el diseño urbano arquitectónico en la producción social del hábitat. CYTED. D.F. 2004 P. 56

[4]  Hall. Op. cit. P. 136-137

 [5]  Campos José Ángel. Transformaciones de la arquitectura y la ciudad, estudio de caso: Martínez de la Torre, Ver. Facultad de Arquitectura UNAM. México,  D.F. 1993. p. 1

Otras referencias:

Bazant, Jan. Espacios urbanos, historia, teoría y diseño. Limusa. México. 2010.

Gehl, Jan. La humanización del espacio urbano. La vida social entre los edificios. Reverté. Barcelona. 2006.

Hall, Edward. T. El lenguaje silencioso. Alianza. Madrid. 1989.

Pol, Enric. Nociones psicosociales para la intervención y la gestión ambiental. Universitat de Barcelona. Barcelona. 2003.

 

 

 

Un comentario en “Espacios Sociópetos y Sociófugos.

  1. Resulta bien clave este artículo de ensayo para nuestros laboratorios de tendencias modelados conforme visiones de fractalidad plasmada en las posibilidades de gestión eficaz de sinergias entre fragmentos urbanos ó fragmentaciones sociales de espacios urbanos abiertos.

    Algunos de nuestros intereses (ADN Relacional) en las interacciones con otras disciplinas, en clave de enfoques diferenciales e intersectoriales, reside en los potenciales de sinergia por catalizar entre grupos de interés y comunidades de conocimiento quienes diseñan participativamente entornos amables de diálogo y de proxemia con sintonía en medios-ambientes con sustento en ecosistemas estratégicos cuyas premisas encodifican bucleados de valores naturales biológicos con valores culturales societales.

    Agradecemos retroalimentaciones suyas.

    Felicidades por los análisis e investigaciones en sus plausibles y loables meta-propósitos.

    Con especial admiración,

    Laboratorios Fractalab
    fractalab.com.co
    fractalab.wordpress.com
    laboratorio@fractalab.com.co; laboratoriofractal@gmail.com
    Pereira – Ciudad Región Eje Cafetero – Triángulo del Café
    PCC Paisaje Cultural Cafetero (D.O.) UNESCO Colombia

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